What price are we prepared to pay?¿Qué precio estamos dispuestos a pagar?

Yesterday I went to the cinema to see “Her”, a film by Spike Jonze, starring Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson and Amy Adams, among others. In broad terms, the film is situated in a not-too-distant future, where a 30 or 40-year-old solitary man, after splitting up from his wife, takes refuge in his work and videogames, until Samantha, and operative system with which he maintains a love relationship, appears in his life.

What called my attention the most was, without a doubt, the script and the themes it tackles. One of the most important ones is that of loneliness in the age of technology. How, despite living so comfortably and surrounded by numerous material resources, the human being lives isolated from the rest. Perhaps the latter is a consequence of the former, i.e, precisely because we choose to have those material resources that make our world easier, we distance ourselves from those who surround us. It is no longer necessary to write a letter or buy a present to a loved one because there are services which can do that for you in the blink of an eye. 

The film  does not leave you indifferent as there are countless connections between what is being narrated and our every day reality. Aren´t we already living in that artificiality, immersed in a world where all material things and all that is practical, easy, fast and painless have each time more importance?. In the middle of so much superficiality, it´s becoming more and more difficult to build things, people and relationships which are real and true. 

Maybe it is necessary for us to ask ourselves where we want to go and what is our definition of what is human, what is esentially human. What price are we prepared to pay to be able to live more “comfortably”?

Ayer fui al cine a ver “Her”, una película de Spike Jonze, protagonizada por Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson y Amy Adams, entre otros. A grandes rasgos, la película se sitúa en un futuro no muy lejano, en el que un hombre solitario de unos 30 o 40 años de edad, tras haberse separado de su ex mujer, se refugia en su trabajo y videojuegos, hasta que llega Samantha, un sistema operativo, con la que mantiene una relación amorosa.

Lo que más me llamó la atención de la película fue, sin duda, el guión y los temas que aborda. Uno de los más destacados es el de la soledad en la era de la tecnología. Como, a pesar de vivir tan cómodos y con tantas facilidades materiales, el ser humano vive aislado del resto. Tal vez lo segundo sea una consecuencia de lo primero, es decir, justamente porque elegimos tener esas comodidades materiales, nos alejamos más de los que nos rodean. Ya no es necesario escribir una carta ni comprar un regalo a un ser amado porque existen servicios que lo hacen por ti en un abrir y cerrar de ojos.

La película no te deja indiferente por las innumerables conexiones que existen entre lo que narra y la realidad de nuestro día a día. ¿Acaso no vivimos ya en esa artificialidad, inmersos en un mundo donde lo material y todo lo que sea práctico, fácil, rápido e indoloro tienen cada vez más importancia? En medio de tanta superficialidad, es cada vez más difícil construir cosas, personas y relaciones reales y verdaderas.

Tal vez sea necesario que nos preguntemos hacia dónde queremos dirigirnos y cuál es nuestra definición de lo humano, de lo esencialmente humano. ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por vivir más “cómodos”?

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